excesos y patologías

Excesos del mal uso de las redes sociales 


Introducción 

Las adicciones no-químicas implican la ejecución de conductas repetitivas que tienen por objetivo aliviar la tensión por medio de la realización de comportamientos que resultan contraproducentes para el sujeto. La urgencia para completar la conducta -y el malestar experimentado si se impide hacerlo- se asemejan al deseo compulsivo y al síndrome de abstinencia sufridos por los drogodependientes. Las personas pueden hacerse adictas de cualquier conducta placentera, pero hay ciertas características en el uso de Internet que lo hacen particularmente adictivo. Lo que motiva especialmente a las personas jóvenes a las redes sociales virtuales es la accesibilidad, disponibilidad, intimidad, alta estimulación y anonimato que ofrece Internet. Los síntomas del abuso de Internet son comparables a los criterios utilizados para diagnosticar otras adicciones químicas y no-químicas. Hay algunas señales de alarma que se encienden antes de que una afi ción se convierta en una adicción. Los principales factores de riesgo de esta adicción para los jóvenes son la vulnerabilidad psicológica, el estrés, las familias disfuncionales y la presión social. A su vez, los factores de protección están estrechamente relacionados con las habilidades de afrontamiento, el entorno social sano y el apoyo familiar. Se comentan las implicaciones de esta revisión para la investigación futura en este campo.
LOS JÓVENES Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS
Según el estudio realizado por la Fundación Pfi zer (2009), el 98% de los jóvenes españoles de 11 a 20 años es usuario de Internet. De ese porcentaje, siete de cada 10 afi rman acceder a la Red por un tiempo diario de, al menos, 1,5 horas, pero solo una minoría (en torno al 3% o al 6%) hace un uso abusivo de Internet. Es, por tanto, una realidad obvia el alto grado de uso de las nuevas tecnologías entre los adolescentes y jóvenes (Johansson y Götestam, 2004; Muñoz-Rivas, Navarro y Ortega, 2003). Las nuevas tecnologías (TIC) simplifi can considerablemente nuestros quehaceres cotidianos
SEÑALES DE ALARMA
Las principales señales de alarma que denotan una dependencia a las TIC o a las redes sociales y que pueden ser un refl ejo de la conversión de una afi ción en una adicción son las siguientes (Echeburúa y Corral, 2010): a) Privarse de sueño (<5 horas) para estar conectado a la Red, a la que se dedica unos tiempos de conexión anormalmente altos. b) Descuidar otras actividades importantes, como el contacto con la familia, las relaciones sociales, el estudio o el cuidado de la salud. c) Recibir quejas en relación con el uso de la Red o del “smartphone” de alguien cercano, como los padres o los hermanos. d) Pensar en la Red o en el “smartphone” constantemente, incluso cuando no se está conectado, y sentirse irritado excesivamente cuando la conexión falla o resulta muy lenta. e) Intentar limitar el tiempo de conexión, pero sin conseguirlo, y perder la noción del tiempo.
FACTORES DE RIESGO
Los jóvenes y adolescentes constituyen un grupo de riesgo porque pueden mostrar conductas de rebeldía ante los padres, tienden a buscar sensaciones nuevas y emociones fuertes y son los que más se conectan a Internet y a las redes sociales, además de ser quienes más familiarizados están con los teléfonos inteligentes (entre cuyas aplicaciones fi guran los canales de mensajería gratuita, como el “WhatsApp”) y las nuevas tecnologías (Sánchez-Carbonell, Beranuy, Castellana et al., 2008). Sin embargo, hay personas más vulnerables que otras a las adicciones. De hecho, la disponibilidad ambiental de las nuevas tecnologías en las sociedades desarrolladas es muy amplia y, sin embargo, solo un reducido número de personas muestran problemas de adicción (Becoña, 2009; Echeburúa y Fernández-Montalvo, 2006; Labrador y Villadangos, 2009).
FACTORES DE PROTECCIÓN
A diferencia de los factores de riesgo, hay ciertos aspectos personales y familiares que minimizan el riesgo de implicarse en una adicción. Prevenir los problemas adictivos requiere necesariamente que los esfuerzos de padres y educadores se dirijan a potenciar esos factores (Carbonell, Graner, Beranuy y Chamarro, 2009; Echeburúa y Requesens, 2012).
referencias: Odriozola, E. E. (2012). Factores de riesgo y factores de protección en la adicción a las nuevas tecnologías y redes sociales en jóvenes y adolescentes.

 

patologías por el mal uso de las redes sociales

Referencia:Serrano-Cobos, J., Gonzalo-Penela, C., de Dios, J. G., & Aleixandre-Benavent, R. (2016). Comunicación científica (XXXVII). cómo hacer una estrategia social media para pediatras (IV). técnicas de «social customer relationship management» en redes sociales/Scientific communication (XXXVII). how to make a social media strategy for paediatricians (IV). customer relationship management techniques in social networks. Acta Pediatrica Espanola, 74(9), 231-235. Retrieved from https://search-proquest-com.ezproxy.cecar.edu.co:2443/docview/1838920755?accountid=34487

Enlace: http://es.calameo.com/read/0045118329e2b550f2b36 

Las redes sociales en el ámbito de la salud
Es un hecho que el uso de las redes sociales/medos sociales conforma hoy en día una práctica habitual para cientos de millones de habitantes del planeta3. Su presencia es constante, tanto entre los pacientes actuales y potenciales como entre los practicantes de la medicina, en especial en España, donde, según la revista Forbes, un 82% de los internautas de 18-55 años de edad utilizan redes sociales4.
A lo largo de los años unos medios sociales han aumentado su audiencia (Snapchat, Instagram...) La disminuido de han de otros de y (gorjeo, MySpace...), y en cada país unos se utilizan más que otros (Facebook o YouTube en España tienen un alto índice de penetración, mientras que en Rusia son más populares Vkontakte o Odnoklassniki5), pero lo que no varía es el ansia de comunicación de los seres humanos. Somos seres sociales y la tecnología ha abierto nuevas vías para llevar a cabo esa comunicación.
El ámbito de la salud no es ajeno a este cambio de paradigma, en el que esa comunicación es cada vez más pública, con sus ventajas e inconvenientes. Los usos de esas «redes sociales» (recordemos: en realidad, «medios sociales») son muy diversos, y lo son en cualquier ámbito, también en el del área de salud. Por ejemplo, pueden ser utilizadas para comunicar y compartir nuestros trabajos científicos, constituyendo una alternativa o un complemento a los canales clásicos de comunicación profesional, lo que ayuda a aumentar el impacto de nuestras publicaciones científicas, también en pediatría6.
En otros casos, se ha constatado que el uso de las redes sociales (entendiendo también éstas como las redes formadas entre pacientes o entre familiares que se dan apoyo mutuo) ha dado buenos resultados en el tratamiento de ciertas patologías7, en el seguimiento de pacientes con hipertensión y diabetes8, en el apoyo y la información aportados por la relación entre comunidades de pacientes y comunidades de profesionales, como el caso de #FFpaciente9, o para prevenir epidemias10, lo que se estudia hoy en día en medicina social o en epidemiología.
También puede dar lugar a situaciones problemáticas. Ciertos profesionales de la medicina o estudiantes de la salud comparten fotografías de cadáveres o de operaciones en medios sociales11, con los consiguientes trastornos que pueden ocasionar entre los pacientes, quienes en ocasiones buscan información en internet sobre alguna temática relacionada con lo que los estudiantes comparten12. Tanto es así que ya se publican manuales de referencia en el uso de las redes sociales por parte de los profesionales del sector de la salud13, incluso trabajos específicamente pensados para el uso de determinados medios sociales, como Facebook14, pues cada medio tiene sus particularidades, sus funcionalidades específicas y sus especificaciones legales, ya que, especialmente las de origen no europeo, pueden no casar con las políticas europeas de protección de datos personales.
« CRM social de y de CRM»
A tenor de los casos expuestos, podríamos descubrir tres tipos de relaciones en los medios sociales, en cuanto a su utilidad para la praxis médica:
* Relaciones entre médicos y pacientes, en que unos y otros intercambian información fundamentalmente privada, con un componente histórico (historia clínica).
* Relaciones paciente-paciente, en las que se generan redes de pacientes que pueden estar en contacto o no con profesionales, y donde se intercambian de manera más o menos pública información sobre dolencias y tratamientos.
* Relaciones entre médicos y pacientes potenciales, en que las redes sociales creadas usando medios sociales pueden ayudar al especialista a dar a conocer su trabajo y ser encontrado y valorado por nuevos pacientes.
Esa relación puede tener dos metas no excluyentes: mejorar la satisfacción del paciente y favorecer la llegada de nuevos pacientes. En este artículo trabajaremos en particular sobre el segundo objetivo, claramente marcado por la necesidad de hacer marketing, de ganar imagen de marca para destacar entre la competencia y de sostenerla tras el primer contacto con el paciente potencial.
Cuando una entidad de salud sistematiza esas relaciones con los pacientes actuales y los posibles pacientes que puedan acudir a su consulta, se requiere el uso de herramientas y técnicas que ayuden a recopilar toda la información de esas relaciones, de esos contactos (tanto los realizados antes de la primera consulta como los establecidos tras ésta y en sucesivos momentos de la relación). De esta recopilación de información se ocupa un tipo de software, el sistema de «gestión de la relación con el cliente» {customerrelationship management), que ya se utiliza en algunos servicios de salud15 como parte de los trabajos relacionados con la gestión de la calidad a la que se aludía en la introducción.
Un CRM, usado con disciplina, permite integrar la información de los clientes proveniente de todas las fuentes, analizarla en detalle y aplicar las conclusiones de ese análisis con humildad (pues los resultados pueden sorprendernos), para crear relaciones más sólidas con los clientes16.
Las entidades nadan en un océano de datos potencialmente útiles, pero normalmente se pierden debido a la falta de recopilación sistematizada y a la percepción que en muchos casos se tiene de un paciente, un cliente, un consumidor. Esta percepción no se corresponde con la realidad, pues hoy día tiene un alto poder de prescripción (tanto positiva como negativamente) la posibilidad de amplificarlo con el surgimiento de los medios sociales.




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